La “justicia social” es una expresión de la barbarie

Las lenguas naturales usan la redundancia porque facilita mucho la comprensión de los mensajes que se emiten con ellas.

El pleonasmo es una expresión en la que aparecen uno o más términos que son redundantes. Así ocurre con “justicia social”, expresión que escuchamos de forma machacona en todos los ámbitos de nuestra sociedad, y que por lo tanto urge aclarar su significado.

Este pleonasmo de la “justicia social” es, en principio, carente completamente de sentido puesto que no hay justicia que no sea social.

Imaginad un náufrago en una isla desierta. Nadie diría que vive en sociedad, y por lo tanto sería absurdo que apelase a justicia de clase alguna. Quizá elevase sus brazos al cielo invocando la justicia divina, o acaso implorando que el mundo no es justo por la situación adversa en la que se encuentra.

Pero ni los dioses ni el mundo tienen interés alguno en que el náufrago se encuentre fuera de la sociedad, pues el interés solo puede ser por definición humano, ni ninguno de los dos, numen o planeta, pertenecen al conjunto de los sujetos operatorios que llamamos vagamente sociedad.

El uso de la palabra “justicia” en un contexto como el anterior sería del todo retórico y carente de sentido lógico y racional.

La justicia solo tiene sentido en el interior de las sociedades, dados los conflictos entre los sujetos operatorios que pueden darse entre quienes las forman.

Justicia la hay o no la hay. Otra cuestión es si determinados grupos de personas no parecen verse afectados por la actividad de los jueces, estos últimos encargados de administrar justicia en las sociedades, y cuyas nóminas sostenemos entre quienes pagamos impuestos.

Si existen estos grupos sociales de privilegiados que no rinden cuentas ante la justicia, habremos en buena lógica de retirarles el apelativo de “sociales”, y dejarlos como grupos, tribus, clanes o castas, habida cuenta de su situación de baja de la sociedad.  En buena lógica también habríamos de retirarles los beneficios de vivir en una sociedad que parasitan, e incluso a veces gobiernan, evitando todos los perjuicios de pertenecer a ella.

Toda sociedad es por definición civilizada. Por ello no puede permitirse ningún atisbo de barbarie. Si la justicia falta en una sociedad, esta se convierte en barbarie. Si se permite la barbarie, esta se convierte en norma y se la autoriza como forma de gobierno.

En España nos hemos acostumbrado tanto a la falta de justicia que ya no nos asombra que las tribus políticas, fuera de la justicia, gobiernen el destino de nuestras vidas.

Mal hacemos además adoptando el lenguaje pleonástico de la barbarie, pues hablar como un bárbaro es el primer paso para convertirse en bárbaro.

No hay pues, repito, justicia que no sea siempre social. Por lo tanto bien valdrá la pena que eliminemos de nuestra lengua semejante expresión, carente de toda lógica, impropia de la civilización y más propia de la barbarie.