Machismos en los sanfermines

Llegan los sanfermines y los políticos pamploneses no desean más imágenes de libertinaje que estropeen su idilio con los medios. No desean que el chupinazo se asocie mediáticamente a la inseguridad ciudadana. Y es un deseo es justo e inexcusable. Sin embargo, no sé si están haciendo lo necesario por que no se produzcan en lo sucesivo.

Hagamos una búsqueda en Google con la cadena “agresiones machistas san fermín”. No encontraremos imágenes de esas famosas agresiones repugnantes cometidas al amparo de la nocturnidad. Las estadísticas de agresiones sexuales confirman también que la mayoría se producen en el ámbito familiar. Por contra, hallaremos en internet decenas de muchachas que voluntariosamente se desfajan sus atributos ante la mirada de sus congéneres. Facilitan así tocamientos por parte de ambos sexos, e incluso otras prácticas de temerosa publicidad.

Los políticos han abdicado de la gestión de la realidad por el gobierno de las imágenes. Deberían entonces, en buena lógica, prohibir estas exhibiciones femeninas para impedir su conexión con agresiones del todo puntuales y despreciables. El hecho de no prohibirlas encubre un machismo mucho mayor que el hecho de defenderlas como expresión de la libertad femenina. Este consiste en dotar a los hombres del derecho a ver desnudas a las mujeres a condición de no tocarlas.

Habría que ver si ante una exhibición masiva de miembros viriles en el mismo contexto, la reacción de la política era la preservación del mismo privilegio. Por otro lado, y con menos ruido, hemos leído las declaraciones de una edil navarra para quien el consumo masivo de drogas y alcohol no puede servir de excusa a los acosadores. Desconozco también si semejantes palabras, que condenan el abuso a las mujeres, mirando con condescendencia el abuso de las sustancias, les provoca a ustedes mi mismo sonrojo.